Dr. Dourdil. In Memoriam.


Obituario

El Dr. Federico Dourdil Pérez: un médico del alma,un maestro de psiquiatras

In memoriam

 

Por Ricardo Campos Ródenas,

Adjunto del Servicio de Psiquiatría.

Hospital Clínico Universitario de Zaragoza

El pasado 5 de Octubre falleció el Dr. Federico Dourdil en la planta once de su Hospital Clínico, donde tantos años había pasado en el ejercicio de la Psiquiatría, tras varios días de ingreso debido al empeoramiento de su reciente y grave enfermedad. Lo hizo acompañado de su familia y fue en un día significativo para él como era el aniversario del fallecimiento de su padre, a quién le dedicó su tesis y tanto quería. Descansó en paz, con dignidad, sin sufrir agonía y tras haber podido despedirse de los suyos y de los compañeros que le visitamos durante este verano en representación de multitud de personas que, a través nuestra, le enviaban recuerdos afectuosos. En estos postreros encuentros nos pudo transmitir, una vez más, su cariño y agradecimiento para todos los profesionales, alumnos y pacientes que habían formado parte de su vida, de cuyos logros personales y profesionales se sentía satisfecho. A pesar de su estado de debilitamiento de su salud, supo mantener siempre su elegancia y actitud característica de cercanía, sinceridad, magnanimidad, discreción y generosidad. Ha sido un hombre muy familiar para todos nosotros y nos sumamos al dolor de su esposa Eva, de sus hijos Federico, Begoña y Vicky (heredera, junto a su prima Mónica, de la tradición médica, y que es compañera del Clínico) así como a sus dos hermanas, cuñadas, sobrinos y demás familia y allegados. También nos unimos al emocionado pesar que, como compañeros de profesión, sentimos profundamente en todos nuestros ámbitos laborales. Con su fallecimiento la psiquiatría aragonesa ha perdido a uno de sus maestros más significativamente queridos y, por muchos de nosotros, venerado.

El Doctor y Profesor Don Federico Antonio Dourdil Pérez nació en Zaragoza el 23 de Mayo de 1948. Hijo de una familia de buenas personas, educadas y cultas, con tradición ferroviaria y también médica a través de su tío Pepe. Fue alumno destacado del Colegio El Pilar de los Hnos. Marianistas y del Colegio El Pilar de los Hermanos Maristas y durante toda su vida conservó creencias y prácticas religiosas. Su vida profesional, como ahora desglosaremos, se realizó con voluntad de servicio de los demás y siempre se alejó de protagonismos epicúreos.

 Se licenció en nuestra Facultad de Medicina en 1972 y durante la misma realizó como sanitario voluntario el Servicio Militar Obligatorio en el Ejército del Aire, del que nos contaba jugosas anécdotas y gratos recuerdos. Tuvo una temprana vocación: ya en el Curso de Preparación Universitaria sintió atracción por la Psicología y Psiquiatría. De su brillante expediente, él destacaba las dos matrículas de Honor en Psicología Médica y Psiquiatría y además fue alumno interno honorario y pensionado en el Departamento de Psiquiatría y Psicología Medica. Se especializó en 1974 en la Escuela Profesional de Psiquiatría de nuestra Facultad, en la que llegó a ser su coordinador y responsable, bajo la confianza y dirección del Profesor Seva. Estuvo en ese puesto desde 1976 hasta que comenzó el programa MIR en donde inicialmente ejerció de tutor y durante muchos años también fue coordinador de Sesiones Clínicas. En Octubre de 1968, en tercer año de carrera, conoció a quienes siempre consideró sus maestros y a quienes se sentía muy unido: los profesores D. Ramón Rey Ardid, D. Agustín Serrate Torrente y D. Antonio Seva Díaz. En su currículo así los describe: “El primero (Don Ramón) fue el líder en el dominio de las ideas, el segundo (Don Agustín) el más querido y el tercero (Don Antonio) como un hermano mayor; de todos guardo un emocionado recuerdo y les debo toda mi gratitud”. Y esa lealtad y admiración por sus maestros y jefes, como el Profesor Antonio Lobo, fue una constante y un significante en su trayectoria profesional.

Su actividad asistencial comenzó en el Antigüo Hospital Clínico (Facultad de Medicina vieja, actual Paraninfo) y también estuvo influenciada por su colaboración con servicios médicos (de ahí procedía su competencia como médico con perspicaz ojo clínico) y neuroquirúrgicos. Al abrirse el Hospital Clínico en 1975 fue nombrado Jefe de Sección, ocupándose desde 1977 de la coordinación y jefatura de la planta. Desde 1981, y durante siete años, coordinó y fue jefe de la Unidad de Psicosomática (“Psiquiatría Interdepartamental”) basándose en su doble experiencia tanto en la clínica médico-quirúrgica como en la psiquiátrica así como en conocimientos empíricos provenientes de su investigación epidemiológica.

En 1977 leyó su Tesis Doctoral, dirigida por el Prof. Rey Ardid y tutelada por el Prof. Seva, un estudio pionero documentando la afectación de la salud psíquica de los pacientes ingresados en plantas médico-quirúrgicas del hospital general, que fue calificada de sobresaliente cum laude. Además desde 1974 fue Profesor Ayudante de Prácticas, profesor encargado de Curso y profesor adjunto Interino. En 1982 opositó con éxito al Cuerpo de Profesores Titulares de Universidad. En el Servicio de Psiquiatría del Hospital Clínico Universitario ocupó también la jefatura de Consultas y ha ostentado durante más de tres lustros la jefatura de la Unidad de Hospitalización de Corta Estancia y posteriormente también la del Hospital de Día Psiquiátrico de Adultos. Fue en estos puestos donde completó hasta su fallecimiento una impresionante e ingente misión asistencial y docente (tal es así que le bromeábamos diciéndole que era un hombre 4×1). En la planta he tenido el privilegio de aprender de la capacidad del Dr. Dourdil para conseguir un clima terapéutico en una Unidad de Agudos que presta sus servicios a personas con graves descompensaciones psíquicas y que está disponible todos los días del año. Allí supo mantener el liderazgo desde la tolerancia, serenidad y cordura, desplegadas especialmente en los periodos de máxima dificultad en la planta. Su despacho siempre lo dejaba abierto para atender a los demás y nunca tuvo que lamentar hurto alguno.

En lo académico el Dr. Dourdil poseía unos sólidos fundamentos de la psicología médica y psiquiatría, entendiéndola no solo como una disciplina médica sino como una ciencia impregnada de saber proveniente la filosofía, literatura, lingüística, historia y antropología por citar algunas de estas fuentes humanísticas. Era, por tanto, un psiquiatra muy culto e instruido en la clásica tradición psiquiátrica española y europea así como en la hermenéutica y fenomenología. Y, rara avis, había leído y asimilado las obras de Freud, Jung y tantos otros grandes de la Psicología y Psiquiatría. Por todo ello, su conversación era amena e ilustrativa de unos saberes de psiquiatría que están desapareciendo de los manuales contemporáneos. Su magisterio era como su persona: sencillo, sensible, divertido, de hondo calado y basado en las enseñanzas de los pacientes que diariamente atendía. Por todo ello ha sido el referente clínico para residentes MIR y jóvenes psiquiatras, pero también para compañeros que le consultábamos en casos complicados. Y así fue donde le conocí cuando iba a visitar a su amigo el Dr. Enrique Giraldez, adjunto por entonces en consultas, con quién tuve el honor de ser su alumno interno desde segundo de carrera. También recuerdo al Prof. Dourdil cuando estuvo en los tribunales de la mayoría de las tesis leídas por los que éramos entonces jóvenes investigadores y cómo, siempre sin excepción, recibimos sus comentarios impregnados de su benévola amistad y sapiencia.

Don Federico era un profesional sabio, un médico con sentido común, experto en la escucha y que inspiraba confianza, transmitía esperanza y transpiraba bonhomía. Todas ellas cualidades excelentes para realizar el acompañamiento terapéutico, que tenían su fuente en las vinculaciones afectivas recibidas en sus experiencias biográficas y su correlato neurobiológico en una rica red de neuronas espejo. De ahí la multitud de pacientes que llenaban su consulta, su sala de espera siempre estaba abarrotada de personas que encontraban en él alivio y cercanía.

Como jefe era muy accesible, cariñoso con todos, con sus discípulos y también con los compañeros de psiquiatría, de otras especialidades, de la universidad y de todo el equipo médico-psiquiátrico. Sin pretensiones de adoctrinamiento, hemos tenido la fortuna de tenerle como una persona que ha tenido muy claro el norte profesional y humano y que éste ha pasado por la labor asistencial y docente diaria. Ha sido ejemplar en el compromiso con la institución universitaria y sanitaria con quienes siempre fue generoso en sus dedicaciones.

En la Facultad de Medicina le apasionaba la docencia de su Psicología Médica y Psiquiatría clásica. Y también aquí hemos sido testigos del carisma, afecto y admiración que generaba en alumnos y compañeros profesores. El Profesor Dourdil era muy querido por los que tuvimos la fortuna de ser sus estudiantes y que apreciábamos su enorme calidad humana y profesional. Sus clases eran amenas, llenas de anécdotas clínicas y de referencias humanísticas con las que adornaba la exposición de una teoría clínica rigurosa e impecable. En los últimos años hizo un esfuerzo de recopilación de sus clases con las presentaciones comentadas y las editó en forma de dos volúmenes de apuntes con portadas de creaciones artísticas referentes a la locura. Estuvo muy orgulloso de acabar su último curso en Junio a pesar de su enfermedad y tratamientos. Los alumnos de licenciatura le obsequiaron películas de cine clásico y unas dedicatorias llenas de palabras de admiración y afecto. En la sesión clínica del 23 de Mayo, su 65 cumpleaños, los residentes, miembros del Servicio y del Sector también le pudimos felicitar y expresarle nuestra devoción. Unos días antes de su fallecimiento los estudiantes me pidieron que le transmitiese su deseo de que figurase en la orla, un honor reservado a los profesores más queridos y entre los que él siempre se encontraba. En los últimos diez años tuve el honor de ser profesor co-responsable de su grupo de alumnos, el grupo 2, y encargarme de los seminarios de casos. El Profesor Dourdil, apellido de pronunciación difícil para algunos, era un compañero y maestro de muy fácil entendimiento.

En el campo de la investigación, él nos expresó discretamente su escepticismo con respecto a los progresos de la disciplina en el último siglo. No obstante, fueron numerosas sus aportaciones en congresos de la disciplina: publicó cerca de 100 trabajos en revistas científicas, o capítulos de libros y entre los que más apreciaba eran los incluidos en los editados por el prolífico Prof. Seva. Su mayor experiencia se centró en la epidemiología de la depresión en poblaciones de pacientes médico-quirúrgicos, en la validación de escalas e instrumentos psicopatológicos; asimismo, tuvo una experiencia relevante en el campo de los ensayos clínicos, ya que también era un experto en psicofarmacología. Aquí, una vez más, fue ejemplo de honestidad y ética profesional, manteniendo un trato afable y transparente con los visitadores médicos y gestores de la todopoderosa farmaindustria.

Fue el Presidente Fundador de la Sociedad Aragonesa de Psiquiatría y lo hizo con el apoyo de personas tan cercanas a él como sus compañeros adjuntos del Clínico (José Mari Sala, Gloria Fernández, Juanjo López Plaza, Jesús González Murga, Charo Tejero, Tere Molina, Mariano Velilla, Pilar Miravete, Antonina Bonals, Ana Martínez, Amadeo Sánchez y Antonio Lobo), de la Facultad (Carlos Morales y Juan Carlos Giménez) y también de otros Servicios como el Hospital Royo Villanova (Fernando Gómez Burgada, Isabel Lozano, Valero Pérez Camo…), Miguel Servet (Roberto Salvanés, Maria Jesús Pérez Echeverría, José Maria Civeira..), H. Militar ( Miguel González Juan), el H. Provincial (Vicente Rubio) o desde allende los mares en donde siempre tenía algún discípulo (Miguel Lázaro entre otros muchos..) por poner solo algunos ejemplos. Poseía un talante conciliador que compaginaba con el rigor científico y su objetivo fue unir a compañeros en un foro de formación y desarrollo profesional huyendo siempre de rivalidades.

Además fue miembro del Comité organizador de la mayor parte de Congresos realizados en Aragón durante los últimos 40 años (Sociedad Española de Psiquiatría, Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, Sociedad Española de la Psicopatología de la Expresión, Sociedad Española de Psicogeriatría, Sociedad Española de Medicina Psicosomática, Comité Internacional para la prevención y Tratamiento de la Depresión, P.T.D). Destacó en la difusión de conocimientos, habiendo impartido más de 600 conferencias y cursos, incluyendo los dirigidos a la población general, y asociaciones de enfermos y familiares. Siguió la tradición del Profesor Don Agustín Serrate en cuanto a la utilización clínica y docente de técnicas proyectivas como el test de Rorschach o del Szondi.

El trabajo del Prof. y Doctor Federico Dourdil, Federico para los amigos, fue de una generosa entrega que compaginó con su vida familiar, de la que siempre nos hizo partícipes contándonos sus veranos por la geografía española, Oropesa especialmente, y sus aficiones con gatos, Sabinas y los grandes directores de cine. Era un hombre afable, elegante en su porte y actitudes; y le encantaba relatar anécdotas de su larga experiencia y sus vivencias con gran número de profesionales. En momentos de dificultad prestó ayuda a compañeros, quienes sabían que siempre tuvieron en él la seguridad de su respaldo y magnanimidad. Cuando tuvo dificultades también las expresó y, como en su reciente enfermedad, se dejó acompañar haciéndose su humanidad, a nuestros ojos, aún más grande. Por esta calidad humana se ha ganado la consideración para muchos de nosotros, (estudiantes, compañeros y discípulos) como el maestro más grande dentro de los grandes. El Dr. Dourdil, como médico del alma y como maestro de profesionales, es quién ha elevado el listón de humanidad y sapiencia en nuestras vidas profesionales y nos ha hecho mucho mejores. Así se lo pude decir en nuestro último encuentro minutos antes de partir para el homenaje al Prof. Lobo y de escuchar sus palabras de gratitud hacia él, como persona y también como máximo representante de un Departamento y Hospital que él tanto quería. El listón lo ha elevado a una altura infinita, como infinito es nuestro agradecimiento para con él y todos los suyos, que somos legión. Su hueco es imposible de reemplazar y nos consuela y reconforta saber que sus contribuciones y su espíritu permanecerán siempre con todos nosotros allí donde estemos.